Marina, frutera: "Para elegir los mejores mangos de la frutería, no te fijes en el color de la piel, tiene que venir de Perú"

2026-11-02 07:45:16 - MUNDO

El mango ha pasado de ser una fruta exótica a ocupar un lugar habitual en las fruterías y los supermercados españoles. Su pulpa dulce, su textura jugosa y su versatilidad en la cocina lo han convertido en una opción cada vez más apreciada, aunque elegir una pieza que esté realmente buena no siempre resulta sencillo.

A diferencia de otras frutas, el mango puede decepcionar incluso cuando su aspecto parece perfecto. Su precio tampoco invita a experimentar: es una fruta relativamente cara y comprar una pieza que después resulte insípida, fibrosa o demasiado dura supone tirar el dinero.

Los fruteros, acostumbrados a trabajar con distintas procedencias y variedades, conocen mejor que nadie las diferencias que pueden encontrarse detrás de una misma fruta.El tamaño y el color de la piel no siempre son indicativos de su calidad, ya que también influyen la variedad, el grado de maduración y las condiciones de cultivo. Marina tiene clara su elección: para ella, el mejor es el peruano, por delante del que se produce en Málaga.

Aunque a simple vista muchos mangos puedan parecer iguales, existen diferencias importantes entre las variedades que llegan a las fruterías. Cambian el tamaño, el color de la piel, la cantidad de fibra de la pulpa y, sobre todo, el equilibrio entre dulzor y acidez.

A estas características se suman las condiciones de cultivo y el momento en el que se recolecta la fruta, dos factores que influyen en el resultado final.

El mango pertenece a la especie Mangifera indica y tiene su origen en el sur de Asia, aunque hoy se cultiva en numerosas regiones tropicales y subtropicales. En España, la oferta que encontramos procede tanto de explotaciones nacionales como de países exportadores de América Latina, África y Asia.

Esta diversidad permite comprar mango durante buena parte del año, pero también significa queno siempre encontraremos la misma variedad ni el mismo perfil de sabor.

Entre las variedades comerciales más conocidas se encuentran Kent, Keitt, Osteen, Tommy Atkins y Ataulfo, también llamado mango miel. El Kent destaca por su pulpa jugosa, dulce y con poca fibra, mientras que el Keitt suele presentar una piel verde incluso cuando está maduro.

El Tommy Atkins, por su parte, tiene una piel de tonos rojizos y anaranjados, aunque su pulpa puede resultar más fibrosa. El Ataulfo suele ser más pequeño, de color amarillo y con una textura cremosa.

Estas diferencias ayudan a entender por qué dos mangos de aspecto similar pueden ofrecer experiencias distintas al comerlos. Además, también explican que el color no sea una garantía de calidad: algunas variedades conservan tonalidades verdes al madurar, mientras que otras adquieren colores más vivos sin que eso permita determinar por sí solo si están en su punto óptimo.

En España, el mango tiene una zona de producción especialmente importante en Andalucía, sobre todo en la comarca malagueña de la Axarquía y en la costa tropical de Granada.

El mango malagueño, además, cuenta con una ventaja clara: la proximidad entre el campo y el consumidor permite reducir los tiempos de transporte y, en determinadas condiciones, recolectar la fruta en un estado de maduración más avanzado.

La variedad Osteen, muy característica de la Axarquía, destaca por su aroma, su dulzor equilibrado y una pulpa jugosa con poca fibra. El Kent también es apreciado por su textura carnosa y su sabor dulce.

"El mango de aquí también está increíble", confiesa Marina, la frutera, "perono tiene punto de comparación con el de Sudamérica". A su juicio, el mango de Málaga es una opción increíble cuando hay temporada; sin embargo, cuando esta acaba no merece la pena buscarlo.

Entonces, ¿qué tipo de procedencia debo buscar si quiero un mango de buena calidad? La frutera lo tiene claro, y es el peruano.

Perú exporta distintas variedades, entre ellas Kent, una de las más apreciadas en Europa por su pulpa dulce y poco fibrosa. Su campaña exportadora se concentra principalmente entre finales de otoño y primavera, aunque las fechas concretas dependen de la zona productora, la cosecha y el transporte.

Esta estacionalidad permite que los mangos de diferentes países se vayan alternando en los mercados. Cuando termina la campaña española, las importaciones ayudan a mantener la oferta, pero la procedencia por sí sola no garantiza que una pieza vaya a estar mejor que otra. La variedad, la maduración y la conservación siguen siendo determinantes.

Marina también ha probado mango de Pakistán y su experiencia sirve para ilustrar hasta qué punto el precio puede influir en las expectativas del consumidor. "He comprado mango de Pakistán por 22 euros el kilo.Cada mango me ha costado 7 euros.", cuenta.

Sin embargo,pagar más por una pieza no significa necesariamente que vaya a gustar más. Un mango de precio elevado puede decepcionar si no ha madurado correctamente o si su textura no se ajusta a las preferencias de quien lo compra. Del mismo modo, una variedad menos costosa puede ofrecer un resultado excelente cuando está en su punto.

Para evitar sorpresas, conviene fijarse en algo más que la apariencia. Un mango maduro suele ceder ligeramente al presionarlo con suavidad y desprender un aroma dulce cerca del pedúnculo.

No debe estar excesivamente blando ni presentar zonas hundidas, manchas oscuras extensas o signos de deterioro. El color, en cambio, debe interpretarse según la variedad, porque no todos los mangos cambian de tonalidad de la misma manera.

La mejor elección dependerá, por tanto, de lo que busque cada consumidor: una pulpa cremosa, un dulzor marcado, menos fibra o un equilibrio entre acidez y aroma.

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