Demencia en México: lujo económico entre resistencia comunitaria y abandono institucional

2026-10-24 16:17:16 - MUNDO

En México, envejecer y perder la memoria se ha convertido en un privilegio costoso y en una condena de desamparo para millones de familias. Aunque el Plan Nacional de Demencia, publicado en 2024 por la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Geriatría, reconoce a este síndrome como un "problema de salud pública prioritario", la realidad puertas adentro expone la brecha entre el discurso oficial y el abandono cotidiano.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 del Inegi, en México existen 38.83 millones de hogares. Sin embargo, únicamente el 10 % más acaudalado (perteneciente al decil X, con ingresos promedios de 78 mil 699 pesos mensuales) cuenta con los recursos suficientes para pagar cuidados especializados para personas con demencia. Mientras tanto, el ingreso corriente promedio nacional es de apenas 27 mil 307 pesos al mes.

Esta disparidad económica deja al 90 % de los hogares en un escenario de vulnerabilidad severa, donde contratar asistencia profesional de 24 horas puede alcanzar los 40 mil pesos mensuales, a los que se suman gastos de medicamentos, consultas privadas y adecuaciones del hogar.

El Consejo Mexicano de Geriatría contabilizaba tan solo 850 médicos geriatras en todo el país. Foto: Cuartoscuro

Sebastián, un profesor de 41 años en la Ciudad de México, relata el impacto financiero tras el diagnóstico de su padre de 81 años: "Hemos tenido que sobrellevarlo como hemos podido porque lo que más ha habido en estos años son gastos y gastos. El que haya un enfermero las 24 horas del día cuesta unos 40 mil pesos al mes, más los medicamentos, cuestiones legales y las adecuaciones que se tienen que hacer en la casa, necesidades que exceden nuestros presupuestos".

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Para financiar los cuidados que han superado el millón de pesos, su familia ha tenido que liquidar los ahorros reunidos por su padre durante cuatro décadas como docente universitario. "Se va a esfumar en tres años", lamenta Sebastián.

En el otro extremo económico está Xóchitl, de 41 años y habitante de Iztapalapa, quien tuvo que renunciar a su empleo de oficina para cuidar a su padre de 77 años y autoemplearse vendiendo productos naturistas.

"Ahorita no es una opción, pero ya estoy en la posición de decir que en algún momento no voy a seguir invirtiendo más de mi tiempo o mi tranquilidad cuidando a una persona que tampoco estuvo conmigo cuando la necesité", admite sobre la opción de una residencia privada, inalcanzable con la Pensión para el Bienestar de 6 mil 400 pesos bimestrales.

Actualmente se calcula que 1.3 millones de personas viven con demencia en México, cifra que la Secretaría de Salud estima que se triplicará para el año 2050, alcanzando los 3.5 millones. Pese a la magnitud de la crisis, la respuesta institucional padece un déficit estructural de especialistas y un profundo desabasto de fármacos.

Para 2022, el Consejo Mexicano de Geriatría contabilizaba tan solo 850 médicos geriatras en todo el país (uno por cada 15 mil adultos mayores), mientras que el Consejo Mexicano de Neurología registraba mil 800 neurólogos (uno por cada 72 mil habitantes).

A esta escasez se suma la falta de protocolos de tamizaje y el "edadismo", una práctica médica que normaliza el deterioro cognitivo atribuible simplemente a la edad. María Elena o "Maru", de 78 años, enfrentó esa traba cuando su hija Itzel buscó atención. Tras gastar miles de pesos en consultas privadas para diagnosticar una demencia mixta mediante resonancia magnética, acudió al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en búsqueda de tratamiento.

El geriatra institucional terminó por calificar el cuadro como un "deterioro cognitivo leve", señalando que "no había nada qué hacer" por carecer de tratamientos en esa unidad y agendó una cita de revisión para un año después.

La ENASIC reveló que en México existen 21.7 millones de mujeres cuidadoras frente a 6.7 millones de hombres cuidadores. Foto: Cuartoscuro

Itzel expresa su indignación ante este manejo: "Con la geriatra privada estoy en constante comunicación para ver cómo se ajustan los medicamentos; tengo ese privilegio, pero ¿y la gente que no lo tiene?, ¿qué hace en un año? Por eso las personas están postradas".

Mariana López, investigadora del Instituto Nacional de Geriatría, enfatiza la falta de programas específicos a nivel gubernamental: "Quienes están en una gran ciudad y tienen recursos económicos van a tener un diagnóstico tal vez muy oportuno, con toda la gama de pruebas, mientras el otro 90 y tantos por ciento de la población probablemente no lo tenga".

"Hay un problema estructural porque no estamos informados ni capacitados para atender este síndrome, sobre todo en el IMSS y en el ISSSTE no hay medicamentos", advirtió sobre las deficiencias del sistema público el neuropsicólogo clínico Carlos Torres, dedicado al acompañamiento de personas con demencia y a sus familias para el manejo de los pacientes.

Según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, en México había 20 millones de personas de 60 años o más, de las cuales 2.9 millones presentaban alguna discapacidad o dependencia. El 65.2 % recibió cuidados (asumidos principalmente por cónyuges con un 49.2%, e hijas o nietas con un 32.4 %), mientras que el 34.8 % restante no recibió atención alguna.

El impacto de las jornadas de cuidado —que pueden extenderse hasta por 18 años según la progresión del padecimiento— recae mayoritariamente en las mujeres, muchas de las cuales deben abandonar la vida laboral formal.

La ENASIC reveló cifras alarmantes sobre la salud mental y física de quienes asisten a un familiar:

Entre las 21.7 millones de mujeres cuidadoras: El 39.1 % reportó estar cansada, 31.7 % sufrió disminución del sueño, 22.7 % irritabilidad, 16.3 % depresión y 23.7 % deterioro en su salud física. A pesar de este desgaste, solo el 5.3 % recibió atención psicológica o terapia.

Entre los 6.7 millones de hombres cuidadores: El 15.2 % se siente cansado, 17.3 % redujo su tiempo de sueño, 60.4 % registró un deterioro físico y únicamente el 3 % accedió a apoyo para su salud mental.

Sobre este agotamiento, el neuropsicólogo Carlos Torres cuestiona las fórmulas habituales de autoatención, señalando que "a esto se le ha etiquetado con el nombre de síndrome del cuidador, lo que fomenta las recomendaciones de autocuidado, como si dependiera de los familiares cuidarse, pero ¿cómo se van a cuidar si no pueden, por las tareas que realizan, si no tienen un ingreso económico estable?".

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Frente a la falta de políticas públicas integrales, las familias han encontrado una válvula de escape en el tejido colectivo. En espacios como restaurantes del centro de Tlalpan o en chats de WhatsApp y sesiones de Zoom coordinadas por profesionales, los cuidadores comparten inquietudes y desahogan la carga.

En México existen 38.83 millones hogares, el 90 % de los hogares enfrentaría un escenario de vulnerabilidad severa para pagar cuidados especializados para personas con demencia. Foto: Cuartoscuro

Leticia, de 56 años y cuidadora de su madre de 95 años, comparte el impacto de acudir a los desayunos grupales tras años de aislamiento:

"Llegué a este grupo tarde. Yo, a raíz de la situación con mi mamá, me he vuelto un poco retraída… Por fortuna, me invitaron a este desayuno y por un momento me volví a sentir normal, como era antes, porque yo era muy alegre, pero ya no se puede. En este desayuno me sentí muy bien, compartir con más personas me ayuda y me fortalece un poco".

Por su parte, comunidades virtuales en WhatsApp organizadas por especialistas como el doctor Carlos Torres permiten a familias de diversas entidades conectarse de manera gratuita para resolver dudas cotidianas.

Sebastián destaca el valor de estos grupos comunitarios, conformados en un 80 % o 90 % por mujeres, donde los cuidadores "vamos entendiendo qué es lo que a mí o a mi núcleo nos funciona porque es una cosa muy artesanal que hay que ir construyendo".

Itzel concuerda sobre el sostén que brindan estos encuentros frente al dolor del padecimiento: "Te das cuenta de que estás en la gloria. He sabido de familias que se han deshecho por esta situación. Afortunadamente, yo tengo el privilegio de llegar con estos doctores, tengo terapia y eso deberíamos tener todas las personas que estamos atravesando por esto porque es un golpe, un duelo anticipado".

Sin respuestas del Estado ni presupuestos adicionales asegurados para consolidar un sistema nacional de cuidados, el abordaje de la demencia en México permanece suspendido entre la capacidad económica de las familias y la resistencia amorosa, pero agotadora, de quienes cuidan en casa.

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