Por Luciana Magalhaes
SÃO PAULO, 21 oct (Reuters) - Para el candidato presidencial brasileño de derecha Flávio Bolsonaro, su mayor fortaleza es también su mayor debilidad: el apellido Bolsonaro.
Mientras que sus seguidores en todo Brasil lo consideran una versión más moderada de la poderosa línea conservadora de su padre, muchos otros lo ven como una continuación del gobierno de confrontación de Jair Bolsonaro, que polarizó a la nación y culminó en un intento de golpe de Estado tras su derrota en las elecciones de 2022.
Hasta ahora, parece que son más los votantes dispuestos a dar crédito a la primera hipótesis, ya que Bolsonaro llega a la segunda vuelta del domingo como favorito frente al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.
Una victoria de Bolsonaro supondría un giro brusco hacia la derecha en Brasil tras cuatro años de gobierno de izquierdas, y probablemente acercaría a la mayor nación de América Latina a la órbita de Estados Unidos, liderada por el presidente Donald Trump.
INSATISFACCIÓN CON LULA
La inesperada candidatura de Flávio pilló por sorpresa tanto a los expertos como a los mercados, sobre todo porque las persistentes acusaciones de corrupción —que él niega— y un concurrido panorama conservador parecían complicar su camino hacia la presidencia.
Sin embargo, los analistas señalan que ha sabido aprovechar la creciente insatisfacción con Lula, de 80 años, al tiempo que ha recurrido a la coalición conservadora de su padre, formada por poderosos agricultores, grandes empresarios y evangélicos.
Flávio, que es él mismo un evangélico converso, dice que presentarse a la presidencia le pareció una vocación después de que su padre fue condenado a 27 años de prisión por conspirar para dar un golpe de Estado, una condena que ahora cumple bajo arresto domiciliario.
"Entiendo que todo lo que está sucediendo forma parte del plan de Dios para nuestra nación", dijo a Reuters a finales del año pasado, justo después de anunciar su candidatura con la bendición de su padre.
Murilo Miranda, un médico de 42 años que asistió a un reciente mitin de Bolsonaro en São Paulo, dijo que Lula había supervisado un sistema de ayudas sociales y una burocracia desmesurada que había obstaculizado el crecimiento de Brasil y dado lugar a una corrupción endémica.
"Creen que el Estado es una figura paterna que va a salvarlos", declaró Miranda a Reuters.
Hermano Silveira, un contratista de 51 años que también estuvo en el mitin, dijo que Flávio representaba una nueva fuerza política.
"Es un chico joven y queremos un cambio", dijo Silveira.
RESOLVER LOS PROBLEMAS LEGALES DE SU PADRE
Bolsonaro ha tratado de reconocer los errores de su padre en el poder, al tiempo que recurre a su ferviente base de apoyo. Durante el primer debate con Lula, reconoció la mala gestión de su padre ante la pandemia de COVID-19, en un intento por contrarrestar una línea de ataque frecuente.
"La sanidad no fue un ámbito en el que lográramos nuestros mejores resultados bajo el mandato del presidente Bolsonaro", afirmó. "Hoy, aquí, asumo mi responsabilidad".
Sin embargo, Bolsonaro ha dejado claro que, si gana, resolverá rápidamente los problemas legales de su padre.
"Le pido a Dios la oportunidad de subir la rampa del Palacio del Planalto el año que viene junto al presidente Jair Messias Bolsonaro, para que él pueda colocarme la banda presidencial sobre el pecho", dijo durante la campaña electoral.
Hasta ahora, Bolsonaro solo ha anunciado un nombramiento para su gabinete: Claudio Lottenberg, antiguo director del hospital privado Albert Einstein, será su ministro de Salud.
Aunque promete recortar el gasto, Flávio también se ha comprometido a potenciar los servicios públicos y a proteger las prestaciones sociales para la población.
(Reporte de Luciana Magalhaes; edición de Gabriel Stargardter; edición de Aurora Ellis; Editado en Español por Ricardo Figueroa)